El hombre mediocre solo tiene rutinas

Afirmemos que son antagonistas. Por la obsecuencia al uno o al otro se reconocen la servidumbre y la aristocracia naturales. De esa insalvable heterogeneidad nace la intolerancia de los rutinarios frente a cualquier destello original; estrechan sus filas para defenderse, como si fueran crímenes las diferencias.

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Esos desniveles son un postulado fundamental de la psicología. Ésta ofrece a todos un mismo fardo de rutinas, prejuicios y domesticidades; basta reunir cien hombres para que ellos coincidan en lo impersonal: Esas palabras denuncian lo que en cada hombre no pertenece a él mismo y que, al sumarse muchos, se revela por el bajo nivel de las opiniones colectivas.

Por ese motivo, al clasificar los caracteres humanos, se ha comprendido la necesidad de separar a los que carecen de rasgos característicos: La sociedad piensa y quiere por ellos. No tienen voz, sino eco. No hay líneas definidas ni en su propia sombra, que es, apenas, una penumbra. Cruzan el mundo a hurtadillas, temerosos de que alguien pueda reprocharles esa osadía de existir en vano, como contrabandistas de la vida.

Las existencias vegetativas no tienen biografía: La vida vale por el uso que de ella hacemos, por las obras que realizamos. El poder que se maneja, los favores que se mendigan, el dinero que se amasa, las dignidades que se consiguen, tienen cierto valor efímero que puede satisfacer los apetitos del que no lleva en sí mismo, en sus virtudes intrínsecas, las fuerzas morales que embellecen y califican la vida; la afirmación de la propia personalidad y la cantidad de hombría puesta en la dignificación de nuestro yo.

Muchos nacen; pocos viven.

El hombre mediocre

Los hombres sin personalidad son innumerables y vegetan moldeados por el medio, como cera fundida en el cuño social. Su moralidad de catecismo y su inteligencia cuadriculada los constriñen a una perpetua disciplina del pensar y de la conducta; su existencia es negativa como unidades sociales. La falta de personalidad hace, a éstos, incapaces de iniciativa y de resistencia. Desfilan inadvertidos, sin aprender ni enseñar, diluyendo en tedio su insipidez, vegetando en la sociedad que ignora su existencia: Barcos de amplio velamen, pero sin timón, no saben adivinar su propia ruta: Muchos cerebros torpes se envanecen de su testarudez.

Si hubiera de tenerse en cuenta la buena opinión que todos los hombres tienen de sí mismos, sería imposible discurrir de los que se caracterizan por la ausencia de personalidad. Todos creen tener una; y muy suya. Estudiemos, pues, a los enemigos de toda perfección, ciegos a los astros. Existe una vastísima bibliografía acerca de los inferiores e insuficientes desde el criminal y el delirante hasta el retardado y el idiota; hay también una rica literatura consagrada a estudiar el genio y el talento, amén de que la historia y el arte convergen a mantener su culto.

El hombre mediocre: 2

Unos y otros son, empero, excepciones. Lo habitual no es el genio ni el idiota, no es el talento ni el imbécil. El hombre que nos rodea a millares, el que prospera y se reproduce en el silencio y en la tiniebla, es el mediocre.

El hombre mediocre - Jose Ingenieros (reseña)

Con diversas denominaciones, y desde puntos de vista heterogéneos, se ha intentado algunas veces definir al hombre sin personalidad. La filosofía, la estadística, la antropología, la psicología. El hombre mediocre -como, en general, la personalidad humana- sólo puede definirse en relación a la sociedad en que vive, y por su función social. Si pudiéramos medir los valores individuales, graduarían-, se ellos en escala continua, de lo bajo a lo alto. Medianía, en efecto, no es sinónimo de normalidad.

El hombre normal no existe; no puede existir. La humanidad, como todas las especies vivientes, evoluciona sin cesar; sus cambios opéranse desigualmente en numerosos agregados sociales, distintos entre sí. El hombre normal en una sociedad no lo es en otra; el de ha mil años no lo sería hoy, ni en el porvenir.

Morel se equivocaba, por olvidar eso, al concebirlo como un ejemplar de la "edición princeps" de la Humanidad, lanzada a la circulación por el Supremo Hacedor. Partiendo de esa premisa definía la degeneración, en todas sus formas, como una divergencia patológica del perfecto ejemplar originario. Quételet pretendió formular una doctrina antropológica o social acerca del Hombre medio: No incurriremos en el yerro de admitir que los hombres mediocres pueden reconocerse por atributos físicos o morales que representen un término medio de los observados en la especie humana.

En este sentido, hombre normal no sería sinónimo de hombre equilibrado, sino de Hombre domesticado; la pasividad no es un equilibrio, no es complicada resultante de energías, sino su ausencia. El equilibrio entre dos platillos cargados no puede compararse con la quietud de una balanza vacía. Bovio ha señalado este grave yerro, pintando al hombre medio con rasgos psicológicos precisos: Equilibrista no significa equilibrado. Alguna vez recibió Lombroso un telegrama decididamente norteamericano.

Lejos de alabar sus virtudes, trazaba un cuadro de caracteres negativos y estériles: Con ligeras variantes, esa definición evoca la del Filisteo: Por su parte, Schopenhauer, en sus Aforismos, definió el perfecto filisteo como un ser que se deja engañar por las apariencias y toma en serio todos los dogmatismos sociales: Mediocre correspondería a Burgués, por contraposición a Artista.

Flaubert lo definió como "un hombre que piensa bajamente". Juzgado con ese criterio, le parece detestable.

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Tal resulta en la magnífica silueta de Hello, traspapelado prosista católico que nos enseñó a admirar Rubén Darío. De ninguna manera, contesta. El que es justo-medio lo sabe, tiene la intención de serlo; el hombre mediocre es justo-medio sin sospecharlo. No habla nunca; repite siempre. Juzga a los hombres como los oye juzgar. Su criterio carece de iniciativas. Sus admiraciones son prudentes.

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El hombre mediocre: 2 - Wikisource

Sus entusiasmos son oficiales. Desfilan ante nosotros como simples ejemplares de historia natural, con tanto derecho como los genios y los imbéciles. No obstante las infinitas diferencias individuales, existen grupos de hombres que pueden englobarse dentro de tipos comunes; tales clasificaciones, simplemente aproximativas, constituyen la ciencia de los caracteres humanos, la Etología, que reconoce en Teofrasto su legítimo progenitor.


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Si observamos cualquier sociedad humana, el valor de sus componentes resulta siempre relativo al conjunto: Cada individuo es el producto de dos factores: Esta acción educativa es, por consiguiente, una adaptación de las tendencias hereditarias a la mentalidad colectiva: El niño desarróllase como un animal de la especie humana , hasta que empieza a distinguir las cosas inertes de los seres vivos y a reconocer entre éstos a sus semejantes.

La imitación desempeña un papel amplísimo, casi exclusivo, en la formación de la personalidad social; la invención produce, en cambio, las variaciones individuales. La diversa adaptación de cada individuo a su medio depende del equilibrio entre lo que imita y lo que inventa. Todos no pueden inventar o imitar de la misma manera, pues esas aptitudes se ejercitan sobre la base de cierta capacidad congénita, inicialmente desigual, recibida mediante la herencia psicológica.

El predominio de la variación determina la originalidad.


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La función capital del hombre mediocre es la paciencia imitativa; la del hombre superior es la imaginación creadora. El mediocre aspira a. Mientras el uno se concreta a pensar con la cabeza de la sociedad, el otro aspira a pensar con la propia. En ello estriba la desconfianza que suele rodear a los caracteres originales: Considerando a cada individuo con relación a su medio, tres elementos concurren a formar su personalidad: Partidos políticos, empresas, televisión, radio; son solo algunos de los factores que han condicionado al Hombre Mediocre de nuestro México.

Buen libro Buen libro acerca de la mediocridad de la sociedad, impresionante que a pesar de haberse escrito hace años, todo sigue igual. Ideal para motivarse a no ser un mediocre. Nov 29, Julieta Mora rated it it was amazing Shelves: Este libro me lo regaló un amigo mío cuando era pequeña. Comencé a leerlo, pero no era capaz de entenderlo, debido a la complejidad del vocabulario. May 24, Rubio rated it it was amazing. Apr 25, Nathaly rated it it was amazing Shelves: Es de esos libros que leés en el momento indicado de tu vida.


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